Archive for the ‘Películas’ Category

La caja de Pandora

viernes, junio 12th, 2009

e18-1-mujer-34.jpgPara ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

La directora de cine turca, Yesim Ustaoglu, ganó con La caja de Pandora la Concha de Oro a la mejor película en el Festival de San Sebastián 2008. Un año después llega a nuestras pantallas esta poética y durísima película que nos enfrenta a nuestras propias mezquindades, miedos a la soledad y a las enfermedades de nuestros mayores, además de a las propias. Tampoco se inhibe de subrayar la descomposición de la familia como tal. 

Rodada, por un lado, en un Estambul inhabitual, del que han desaparecido los lugares más turísticos para centrarnos, sin compasión, en el ritmo de las deshilachadas grandes ciudades y en barrios desposeidos de todo lo que no sea la supervivencia, la prisa, el trueque… en definitiva: el sálvese quien pueda. Y, por otro en las montañas, donde las minas de carbón anidan y el pálpito cotidiano nada tiene que ver con las angustias occidentales de trabajos exigentes y amores descolocados o a medio hacer, o casi a punto de finalizar. 

Tres hermanos, cuya relación parece brillar por su ausencia, se enteran de que su madre -la inefable actriz Tsilla Chelton, Concha de Plata a la Mejor Acriz-, ha desaparecido de su casa situada en la montaña donde vive sola. Deciden trasladarse allí y, ya en el camino, sin apenas ser conscientes abren esa caja de Pandora que encierra todos los males posibles e imposibles y que viajan en el interior de cada uno de ellos.

Tres seres con sus propias angustias, encerrados en cierto limbo existencial y en el egoismo: el hombre porque es, y así continuará, un Peter Pan sin ánimo de crecer ni de cambiar. Le abruman las responsabilidades y mientras tenga para el porrito seguirá instalado en su hippismo trasnochado.

La hermana mayor es incapaz de encarar la relación con su marido y su hijo. La apatía la invade -o quiere que la sepulte- y es incapaz de enfrentarse a sus miedos y, quizás, a las rupturas. 

La del medio, tiene un cargo importante en su trabajo pero una relación amorosa insatisfactoria -tanto es así, que la directora obvia a ese personaje para remarcar la importancia de esa ausencia-vacío-. Y, después de esto: ¿cómo van a saber encarar el Alzheimer en el que anda perdida su madre?

En esta otra mitad de la película, la directora, los actores -todos eficazmente convincentes- arrastran a los espectadores a algo, no por tan tremendo inusual, y cada vez más corriente.

El despiece de los sentimientos, de la lucidez, de la culpa, y de ése: «No va conmigo, porque YO no puedo con todo cuanto arrastro…», está dibujado con sensibilidad y, al mismo tiempo, con la dureza que el tema tratado debe llevar implícito, para intentar despertarnos de un mundo feliz que sólo habita en nuestros sueños. Si bien, siempre puede hallarse un respiro que, arrítmico, invite a comprender lo que necesitan aquellos a quienes las veladuras sólo les permiten una lucidez intermitente. No os la perdáis.

Los hombres que no amaban a las mujeres

martes, junio 2nd, 2009

b6-azca-2.jpgPara ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción por otros.

Tenía intención de no decir ni una palabra de Millenium, las novelas de Stieg Larsson, hasta que no leyera la tercera entrega y tuviera que sollozar rotundamente por esas otras siete que nos ha robado el destino. Claro que al escritor le ha quitado la vida. Por esta causa me voy a ceñir a la película.

Fui al cine con cierta prevención, sabiendo que nunca podría ser lo mismo y dudando de que el resultado me dejara sin aliento, como así pasó con el primer volumen. Dicho lo dicho he de alentar el ir a verla.

¿Pegas? Puede haberlas para los ortodoxos, esos que quieren que todo se haga tal cual se ha escrito, pero no para mí, pues pienso que aunque la película esté basada en una novela, hay que dejar manga ancha al director y guionista para ciertas licencias. Desde luego no puede resumir cerca de setecientas páginas en dos horas y media -metraje que va en AVE, te mantiene en vilo y no te permite apenas respirar-. Resumiendo: un atractivo trabajo, unos actores solventes y creibles -superlativa Noomi Rapace, en el papel de Lisbeth Salander, ¡hasta anda como ella!, según la describe Larsson-; a pesar de que no aparezcan una serie de temas importantes, como sí sucede en la novela, la película es un ente en sí misma, con vida propia, intriga a tope y crítica total a los abusos sexuales y malos tratos contra las mujeres. 

Si alguien tiene algo que decir que hable-escriba ahora o vaya al cine y calle para siempre. Buena tarde o noche. Aquí me encontrareis para las controversias.

Séraphine

martes, mayo 12th, 2009

copia-de-e1-2-manhattan-2.jpg (Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

A veces los prejuicios no nos permiten ver nada más. Tan enfebrecidos cruzamos por este lado de la acera que nada que no seamos nosotros mismos, nos importa. A lo sumo conseguimos parar, si se me apura, escasos minutos por algún tropiezo, o imagen velada que se nos cruza; después volvemos a ensimismarnos en el propio ombligo. De ese modo cometemos no sólo errores, sino injusticias o daños irreparables. Tanto es así que, incluso, tenemos a bien humillar consciente o inconscientemente, para el caso es lo mismo porque de cualquiera de las maneras, haremos daño.

Séraphine es una película tristemente hermosa. El adjetivo que me gustaría no tener que añadir, está presente porque el personaje es real y su historia, también lo es. Limpiadora en casas de postín, con escaso dinero para mantenerse, vive en un cuchitril de apenas seis metros cuadrados y, entre sus rezos constantes y cantos religiosos, su particular relación con monjas, curas e iglesias, vive atada por una obsesión y modo de expresión: la pintura.

Séraphine -interpretada por Yolande Moreau, una actriz inmersa con todo el alma en un papel difícil y grandioso- apenas malcome pero gasta sus pocas monedas en útiles para pintar. Y así pasa las noches sin dormir entonando liturgias y creando con un particular estilo, pequeñas obras de arte que, por esos juegos del destino caen en manos de un alemán, marchante de arte. Si bien le compra las obras y pretende seguir haciéndolo, ha de marcharse de Francia por la puerta de atrás y con noctunidad al estallar la Primera Guerra Mundial.

Cuando regresa de nuevo a Francia se tropieza con más y mejores cuadros de la mujer. El reencuentro que podría haber sido el de la estabilidad supone un vía crucis directo a la locura, a pesar de que sus pinturas continúan siendo espectaculares, su producción grandiosa y las ventas extraordinarias.

La fragilidad humana, a pesar de nosotros mismos o precisamente por nosotros mismos arrastra por recovecos de los que muchos no pueden salir; y en ese laberinto se interna Séraphine hasta que la sociedad de ese siglo se las apaña, legalmente, para apartarla de su vista.

La película de Martin Provost no sólo muestra sino que empuja al espectador a adentrarse por vericuetos a los que nos prohibimos llegar por miedo, por vergüenza o por no saber, ni ver. La historia es de una profunda reflexión, e incluso si nos atrevemos a reconocerlo, la punta del iceberg que todos llevamos dentro: esa línea tan infinitamente fina y frágil que separa lo que llamamos cordura, del terror a la locura. ¿Acaso creemos que estamos exentos de cruzarla?

En el séptimo cielo

lunes, marzo 30th, 2009

escanear00041.jpg Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

Andreas Dressen el director de En el séptimo cielo, se ha atrevido con un tema -el sexo entre las personas mayores de 60 años- bastante intocable en el mundo cinematográfico. No estoy segura de si esto ocurre porque este tipo de cine no vende (nadie quiere ver a los viejos haciendo el amor con deseo y disfrutando de lo lindo como si tuvieran 18 años) o porque es más rentable y estético el mundo joven: pieles tersas, gestos atléticos, movimientos sensuales… 

Bien es verdad que los protagonistas de esta película: Ursula Werner, entrada en carnes, mirada vidriosa pero atrayente, no es el prototipo de la infinidad de barbis que están en el mercado, pero es tan real y tan creible que cuando le traspasa el deseo por un hombre de 75 años, que nada tiene que ver con su marido, se pone el mundo por montera y decide gozar cuanto ya tenía olvidado. ¡Y claro que lo logra! No es difícil porque el amante es todo vida y está dispuesto a merendársela junto a ella el tiempo que le quede.

Transgresora, tierna y amarga al mismo tiempo, porque no es fácil salir indemne o no hacer daño cuando no se es totalmente libre.

Aunque miremos, púdicos, hacia otro lado cuando observamos alguna carantoña entre los mayores, el sexo existe y persiste en todas las edades. Es más, comentan, que mucho mejor que cuando eran chavales.

¿Acaso hay que sacrificar esas campanillas que tocan a rebato cuando estás con el amante por no herir a un marido con el que ya no vibras?

Buena pregunta para la polémica. ¿Alguien quiere poner el cascabel al gato? Os advierto que araña.

The reader versus la culpa

viernes, marzo 27th, 2009

e1-2-nueva-york-2.jpg Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

No es fácil deshacerse de los recuerdos; menos aún si estos están vinculados al despertar a la vida adulta e ir acompañados por y de una experimentada maestra de la sensualidad. Eso es lo que le ocurre a un adolescente de 15 años en su encuentro con una mujer que le dobla la edad.

La atracción que les arrebata se transforma en un secreto encuentro día tras día, en casa de la mujer, y mezcla el placer del cuerpo con el del alma;  el joven Michael, lector impenitente, intercala la lectura de grandes obras de la literatura con la pasión y el aprendizaje sexual, cargado de erotismo y ternura. Pero Hanna desaparece un día sin dejarle ni una nota.

Los caminos tienen muchas revueltas, así como subidas y bajadas y en una de ellas, cuando ya es un estudiante de Derecho, asiste como observador a un juicio donde se juzga a colaboradores de los nazis. Si las casualidades existen, allí esperaba una. Su antigua amante, Hanna, es una de las acusadas.

Ella se carga con la condena más alta al admitir lo que hizo. Sin embargo sólo con que Michael hubiera contado su secreto, la pena hubiera sido más corta, al igual que la de las otras mujeres.

Ese peso, esa agonía diaria, ese miedo a reconocer publicamente una relación que estaría muy mal vista por la sociedad, nos envía un mensaje directo a la conciencia. ¿En esa situación habríamos actuado nosotros de otra forma? ¿Podríamos seguir viviendo como si no hubiera pasado nada en nuestras vidas de lo que arrepentirnos? O ¿arrastraremos para siempre la culpa de no haber ayudado desvelando su secreto por miedo a ser juzgados como colaboracionistas?

Stephen Daldry, que también dirigió la impresionante película Las horas, ha conseguido una obra -cuando menos conmovedora- de la adaptación de la novela de Bernhard Schlink, publicada en la editorial Phoenix (Orion); y, cuando más, la desmembración de nuestros conservadores cimientos.

La interpretación de Kate Winslet es estremecedora. Crea un personaje distante y cercano al que es imposible no entender y perdonar y con el que emocionarse.

The Visitor

lunes, marzo 16th, 2009

 e1-10-metro.JPG   Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

Tom McCarthy me emocionó con Vías Cruzadas, película que escribió y dirigió, y por supuesto, me enseñó a mirar sin miedo la diferencia. En este caso la diferencia de una persona pequeña, pero mucho más grande que otros con centímetros de más. Si aquella película me conmovió, The visitor no sólo no le va a la zaga sino que estremece su lección de humanidad transformadora y solidaria.

¡Cómo nos puede cambiar la vida cuando la casualidad nos empuja por caminos que ni buscamos ni esperamos! Así le ocurre a Walter Vale, un hombre sin sal, ni paz, ni amigos y si me apuráis más bien una especie de zombi atascado en su ombligo y en hazañas que no pueden ser las suyas, una vez perdido en esa existencia amorfa debido a la muerte de su mujer y a la apatía para enseñar a sus alumnos.

Pero un hecho le volverá del revés. Empezará a latir de nuevo. A mirar a la gente que le rodea, a sentir atracción, a pesar de sus 62 años, por alguien cuyo pasaporte se llama ternura.

Richard Jenkins, el padre muerto pero que se aparece a sus hijos -esa tribu de jóvenes perdidos en sus miedos- de la serie de HBO A dos metros bajo tierra, tiene una interpretación tan cercana, tan auténtica, que conmueve y estremece. No menos trascendente es el papel de Hiam Abbas, protagonista de Los limoneros, a la hora de descongelar a este hombre y su bongo. Y los secundarios tienen la grandeza de las primeras figuras. Creíbles, cercanos.

Cine de compromiso, de los adentros, de ése que remueve y que pregunta. ¿Obtendrá nuestra respuesta?

Cerezos en flor y Gran Torino

martes, marzo 10th, 2009

  escanear0002.jpg Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

 Este fin de semana vi dos grandiosas películas. Cerezos en flor es de Dorris Dorrie y, Gran Torino de Clint Eastwood, que también actúa. Escribo de las dos al tiempo porque, a pesar de las culturas diferentes, tienen muchas más semejanzas de las que imaginamos. Los protagonistas son personas mayores, unos hijos en tierra de nadie y otros personajes de apenas veinte años, que nada tienen que ver con los protagonistas y, sin embargo, les aportan el amor congelado del que apenas se acordaban.

En teoría, ese amor tendría que darlo la familia, los hijos en el caso de estas dos historias, pero es imposible. No voy a juzgar a los hijos porque según se intuye, padres e hijos son unos auténticos desconocidos y si así se siente, ¿no será mejor querer a aquellos que sin conocerte te dan la vida, ya sea con la presencia, con un guiño, una sonrisa, una postura, plantando cara o, sencillamente, llevándote a la estación del metro correcta?

¿Por qué nos colgamos tanto de las negruras cercanas o instaladas a nuestro alrededor familiar, cuándo la otra, no la que nos ha venido porque sí, sino la que vamos haciendo con el contacto, el cariño, la verdad por delante es con la que podemos seguir aprendiendo a ser mejores personas?

A veces por ceguera, por miedo a repetir los mismos tristes errores o… Pues todo esto es lo que me han hecho sentir estas dos bellas historias del cine. No dejéis de verlas.

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Revolutionary Road

viernes, marzo 6th, 2009

escanear0008.jpg   Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

De parejas y anhelos muertos. De búsquedas y vacíos. De ambiciones y carencias. Esta película es aún mucho más. Es el desconocimiento del otro aunque te acuestes cada noche con él y, si cabe, hagas el amor como si fuera la última vez. Esta película de Sam Mendes basada en la novela de Richard Yates, nos muestra cómo nos aferramos a un sueño sin darnos cuenta de que no lo alcanzaremos porque no tenemos talento para ello. Quizá para algún otro sí, pero eso ni podemos ni queremos verlo.

April quiere ser actriz, triunfar, pero cuando se da cuenta de que no sabe interpretar, de que se deja llevar sólo por el tesón, decide reinventarse su matrimonio y arrastrar a Frank a un viaje/traslado fuera de esa casa, de ese país, con el fin de mantener en pie lo que la incomunicación y el desmorone amoroso ha derruido.  Y, eso, ¿en qué puede ayudar? A engañarse más, a sufrir, a ir a la deriva. 

La formidable novela de Yates, está publicada en Alfaguara y Punto de Lectura.