Archive for the ‘Variedad’ Category

Con su blanca palidez

Viernes, junio 26th, 2009

e2-3-blanco-y-negro-1.jpgPara ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

Hace mucho tiempo que Michael Jackson perdió los puntos cardinales. Ese afán enfermizo con el que soñaba desde niño de ser un negro de tez atenuada, le ha llevado a embarcarse en una demencia reiterativa. ¿Con  qué finalidad? ¿La de lucir su blanca palidez ante sus fans? ¿A pesar de, no sólo, decolorarse la piel si no las neuronas, y tirar por la borda lo más importante, su equilibrio emocional y su arte?

Se ha hablado y escrito, prolijamente, acerca de sus inclinaciones no muy claras hacia los niños, de sus encierros en cápsulas de oxígeno para preservar su salud y ¿buscar la vida eterna?; así como de los cientos de millones ganados y gastados, gracias a sus grandes éxitos, entre otros Thriller.

Sin embargo, no parecía ser feliz. Su aislamiento era notorio y, probablemente, en estos últimos tiempos gastaba mucho más de lo que ingresaba. Quizá esto último sea una simple anécdota porque, aunque digan que el dinero da la felicidad, si no hay contacto humano, afecto sin segundas intenciones y la línea argumental de tu vida se ha quebrado por buscar imposibles -como el de ser blanco cuando has nacido negro y con una voz prodigiosa- ya no eres capaz de vivir y aceptar la realidad de tu soledad.

Lamento, sobre todo, que no pueda subirse cincuenta veces a los escenarios, como tenía contratado, y que un infarto -o lo que sea- le haya obligado a hacer mutis por el foro sin permitirle contorsionarse y cantar, al menos, una ocasión más. Allá donde vaya y esté no se verá el color de su piel. ¿Asunto concluido?   

La soledad no es esto

Viernes, marzo 27th, 2009

e22-2-pekin-0.jpg Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

La plaza de Tian’anmen, en Pekin, es de una anchuridad que corta la respiración. Es cierto que el trasiego de los turistas, tanto del propio país como los de otros lugares, colman con creces sus rincones -bien alejados los unos de los otros- regalando escenas insólitas que, por ellas mismas, ya son una novela.

Es julio de 1995; y este niño -con pantaloncito abierto por el culete, para hacer pis o pos si le vienen las ganas- no está solo aunque eso pueda parecer. No tiene nada que ver con ese guardia que no se mueve del sitio aunque caigan chuzos de punta, porque en ese metro cuadrado, de los otros cientos o más que abarca la plaza, es en el que le corresponde estar. Tampoco con el hombre que parece enfrentarse al guardia, pero que simplemente está tratando de eludirlo por la derecha.

Entonces ¿con quién está el niño? No lo sé, aunque es probable que su familia estuviera detrás de mí emulando mi gesto. Incluso yo podría estar en la foto que sacaban al niño y de la que no sé nada ni, lo más seguro, sabré nunca.

En estos lugares, donde el turismo es de masas, puede pasar que todos nos fotografiemos a todos y cuando, una vez en casa, veamos las imágenes para recordar y constatar que estuvimos allí, nos demos de bruces con muchas pequeñas historias, plenas de intérpretes de su propia vida, de las que nada conocemos, ni conoceremos.

A veces las fotografías son como un calidoscopio empeñado en crear nuevas imágenes a medida que se gira el tubo. Como la vida misma.

El desfile

Jueves, marzo 26th, 2009

e1-1-san-francisco-5-jpg.jpg  Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

Siempre me han dado miedo los militares, incluso cuando desfilan para lucir el palmito y mostrar sus armas, cascos y pertrechos más limpios que la patena. Supongo que desfilar delante de los curiosos, les pone. Es como si estuvieran sobre un escenario actuando.

¿Y qué ocurre en tiempo de guerra? ¿Acaso los militares piensan que sólo están representando un papel o jugando a los soldaditos de plomo? (El plomo viene a cuento por las balas, los cañones, los morteros…). 

No sé si el ensoñamiento que nos produce la parafernalia militar, tiene que ver con los uniformes, tan aplaudidos en las pantallas de cine, con las heroicidades que airean o con las mezquindades que ocultan.

El asunto es que a mí ese desfile visto y vivido en directo en San Francisco, en 1985, me dio para captar esta imagen de paz con reflejo incluido. ¿Qué pensaría de mí ese soldado? ¿En algún momento, si está vivo, se preguntará lo que yo me pregunto? 

Yo estaba allí

Miércoles, marzo 11th, 2009

e15-2-nino-hotel-blog.jpg  Para ampliar la foto haced clic en ella. (Foto propiedad de la autora. Sin permiso de reproducción a otros).

Era 1973, de eso ha llovido mucho. España todavía no había alcanzado la ansiada democracia. Vivíamos en una dictadura moribunda pero nos permitían viajar a los Paises del Este, para que viéramos que allí estaban igual pero mandando los del otro lado del telón: los comunistas.

Dictaduras ni verlas. Vengan de donde vengan y se vistan de celofán o de lagarterana -que diría mi muy querido Forges-. La democracia con sus imperfecciones ¡y tiene a kilos! siempre será preferible a aquella oscuridad que, aquí sufrimos durante cuarenta eternos años. Prefiero poder poner y quitar a aquellos que se dedican a la cosa pública y que también la tratan como si fuera sólo cosa, y sin reconocer que están ahí, precisamente, gracias al público que algo tenemos que decir aunque carezcamos del vocerío que algunos utilizan en su propio beneficio.

Pues bien, a este niño polaco me lo encontré en el hall del hotel en el que me hospedé y me pareció la imagen, cruda y dura, de lo tristes que éramos quienes aguantábamos con dolor, miedo y carencias, aquello con lo que los sociópatas dirigentes nos ametrallaban.

No sé su nombre. Él tampoco supo quién era yo.

¡Por fin!

Jueves, febrero 26th, 2009

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Ya puedo escribir en este tu blog, Paca

¿Te acuerdas de este sitio?  Tu eres quien está en el laberinto